
El estreñimiento no es, en sí, una enfermedad, aunque sus consecuencias, en caso de prolongarse, pueden ser muy serias. La imposibilidad, o la dificultad repetida de excretar las materias fecales, no es más que la manifestación de diversas posibles alteraciones del tránsito intestinal.
En este caso, como en todo lo que concierne a la fisiología digestiva, los factores emocionales y la moral pueden desempeñar un gran papel, ya que repercuten sobre el doble sistema simpático de regulación nerviosa. La angustia, la ansiedad y el nerviosismo son, pues, factores no despreciables en el estreñimiento, además de las posibles causas mecánicas.
Estas causas pueden ser de varios tipos. Ante todo, pueden estar relacionadas con la propia composición de las heces, como resultado de la digestión previa del bolo alimenticio en el intestino delgado. Según la alimentación haya o no sido equilibrada, las materias que aíraviesan el intestino grueso pueden no ser las indicadas para estimularlo, tal como lo requieren sus paredes. Es pues necesario que esta masa de residuos contenga una cierta cantidad de celulosa, y por tanto las comidas deben contar con verduras de fibras largas: espinacas, puerros y lechuga. La celulosa, que no puede ser asimilada por el aparato digestivo humano, tiene como misión la estimulación de las contracciones oscilantes del intestino grueso.
Por otra parte, conviene no exagerar este consumo de celulosa que acelera y amplifica la excreción, ya que entonces habría un cierto número de sustancias indispensables para el buen funcionamiento del organismo que no tendrían tiempo de ser absorbidas, produciéndose situaciones graves de carencia.
Al revés de la celulosa, las sustancias grasas cocidas, la crema de leche, el chocolate, el pan y el exceso de azúcar modifican el medio intestinal de tal forma que éste disminuye su actividad. El consumo exagerado de productos fermentados también provoca el estreñimiento. El equilibrio de la alimentación constituye el factor clave de esta alteración.
Existen otros casos de estreñimiento; aquellos que se deben a un defecto mecánico del propio intestino o de los sistemas musculares, que, como el perineo, contribuyen a la expulsión de los excrementos. Este último fenómeno, particularmente, se observa en las mujeres que han dado a luz varias veces: la atonía de su musculatura perineal provoca una ptosís del colón con su consecuente acodamiento poco propicio para la evacuación de las materias intestinales.
En caso de estreñimiento rebelde, debe pensarse siempre en la posibilidad de obstáculos en el trayecto intestinal. Estos bloqueos pueden ser debidos a la repercusión de diversas enfermedades abdominales sobre el propio intestino (invaginaciones, oclusiones, apendicitis crónica, tumores, hemorroides) o en sus proximidades (hipertrofia de la próstata en el hombre, quistes oválicos o salpingitis en la mujer).
Normalmente, el estreñimiento es consecuencia del estado general, de una cierta astenia o de inquietud, factores que modifican el hábito alimenticio a menudo en mal sentido. Se acompaña frecuentemente de insomnio, aunque es difícil afirmar si se trata de la causa o de la consecuencia de este fenómeno.
A la larga puede conducir a la desaparición momentánea del reflejo anal: el ritmo de vida cada vez más acelerado, los acontecimientos y los stresses son causa de comer más deprisa y de que se pueda tomar por costumbre la resistencia a los alisos reflejos del esfínter anal. Estos, normalmente, se notan cuando el recto, que habitualmente está vacío, recibe las materias precedentemente tratadas por el colón y el ciego.
Si el individuo renuncia a esta solicitud refleja de forma repetida, ésta se atenúa progresivamente y después desaparece.
Afortunadamente, siempre es posible llevar a cabo una rehabilitación.
Tratamientos
En caso de un estreñimiento transitorio, se debe recurrir, además de las verduras ya citadas anteriormente, a :
- Higos o ciruelas puestas en maceración con agua toda una noche, deben comerse por la mañana en ayunas y beber a continuación el agua de la taza.
— Aceite de ricino con café muy caliente o con una tisana que de por sí ya sea laxante; una cucharada y media sopera de aceite constituye un purgante enérgico.
— Cataplasmas calientes a base de mercuriales que deben aplicarse en la porción inferior del abdomen.
En los casos de estreñimiento crónico o pseudocrónico, hay que estudiar, ante todo, el modo de vida y la forma de alimentarse. Para ello, debe realizarse una higiene de vida muy estricta; andar, practicar movimientos gimnásticos (especialmente abdominales) y hacer ejercicios de respiración abdominal.
Suprímanse los platos propicios al estreñimiento; ingiéranse frutas frescas o en compota y verduras cocidas o preferentemente crudas. Alíñense las ensaladas con aceite de parafina, perfumada con estragón.
No obstante, cuando una persona ha caido en este estreñimiento, no siempre le basta con la modificación de su régimen alimenticio desequilibrado para restablecer sus funciones excretoras. Parece como si el intestino se hubiera acostumbrado a la pereza y a menudo hay que decidirse a estimularlo con ayuda de laxantes. Hay que destacar que los médicos son cads vez mas reticentes ante el empleo sistemático de laxantes químicos. Se ha verificado que, en definitiva, aumentan la pereza y la antoína del intestino e incluso pueden ocasionar colitis( inflamación del colon) y disentrías( inflamación aguda de la última porción del intestino grueso). Deben usarse, pues, con moderación.