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Se denomina absceso a una acumulación de pus que se desarrolla en los tejidos del organismo, ya sea la piel u órganos como el hígado, los pulmones, el cerebro, etc.
El absceso caliente es una bolsa que presenta un enrojecimiento de la piel y una elevación neta de la temperatura, y que a veces produce un dolor muy intenso. En cambio, el absceso frío es indoloro y región tumefacta no presenta ninguna modificación térmica.
Los abscesos constituyen el signo de afecciones generalmente muy importantes y que requieren el cuidado de un especialista. Por ejemplo, el absceso frío constituye frecuentemente el signo de una tuberculosis ósea, y la colección de pus que invade los tejidos tiene como origen el hueso o la articulación afectados.
La mayor parte de abscesos requieren un análisis de sangre, que permitirá localizar el origen y aplicar la terapéutica adecuada. El diagnóstico de la diabetes se hace a menudo gracias a análisis prescritos por causa de abscesos.
No hay que confundir los abscesos con los furúnculos.
Tratamientos
Además de la enfermedad que los produce y que conviene tratar según las indicaciones de un médico, los abscesos pueden ser curados localmente. Sin embargo, los cuidados que usted puede aportar se limitan a las cataplasmas y a las compresas calientes, que harán madurar al absceso con mayor rapidez. La absorción de agua arcillosa tampoco será inútil. También se pueden utilizar cataplasmas de arcilla o de col.