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Es una enfermedad con formas muy diversas y cuidadosamente clasificadas. Evidentemente, no todas tienen la misma gravedad.
El acné —palabra griega ligeramente deformada (“akné”) que significa “florecimiento”— es ante todo una afección benigna de la pubertad. Su aparición corresponde a los trastornos hormonales de los que son victimas las chicas y los chicos cuando dejan atrás la infancia para convertirse en adolescentes. Sin duda, pero no hay ninguna prueba que permita afirmarlo.
Simplemente, se constata que, en algunas personas, la revolución de la pubertad se acompaña de la desgraciada afloración de granos del “acné juvenil” y en cambio otras no sufren este proceso, sin que la razón de ello se conozca con certeza.
Como consecuencia de ello, resulta muy difícil hablar de “enfermedad”. Algunos médicos con sentido del humor no han dejado de afirmar: “Lo que es asombroso no es que algunos adolescentes tengan acné, sino que no lo tengan todos…” He aquí, pues, un motivo para animar a los muchachos y muchachas afligidos por el brote rojizo del acné juvenil: los anormales son los otros.
Pero el mayor consuelo es que, a menos que cometan errores llenos de consecuencias (rascarse frecuentemente con uñas sucias, lavarse sólo de vez en cuando…), sus “granos” desaparecerán por si solos.
Esquemáticamente, se puede afirmar que el acné corresponde siempre a un exceso de grasa. En contra de lo que afirman ciertas publicidades, la grasa —secretada por las glándulas sebáceas situadas en la dermis, la capa más profunda de la piel— no tiene como función la alimentación de estos seres muertos que son los pelos y los cabellos.
El sebo es una grasa que remonta por los poros, frecuentemente a lo largo de la raíz de un pelo, hasta alcanzar la epidermis.

¿Cuál es la causa de ello?

Proteger a la piel del frío y de los distintos agresores que amenazan el organismo. En el caso del acné juvenil, los poros se llenan de sebo y aparecen unos puntos negros (la extremidad del filamento de sebo que sobra, se oxida al contacto con el aire), después la piel brota: se infiltran estafilococos (microbios del pus) en la zona, ocasionando minúsculas supuraciones que se secan muy pronto.
Desgraciadamente hay que admitir que, en algunos casos, el empeoramiento escapa a las posibilidades de prevención. La enfermedad, a menudo localizada inicialmente en el rostro, en el cuello y en la parte superior del tórax, se extiende repentinamente a todo el cuerpo.
El acné “queloideo“: aparecen verdaderos furúnculos, principalmente en la nuca, forman placas y después se endurecen; se observan entonces queloides (rodetes parecidos a cicatrices en relieve, que no desaparecen, ni siquiera con la ablación quirúrgica, ya que vuelven a surgir).
El acné “conglóbala”: puede manifestarse por todo el cuerpo; surgen abscesos profundos a partir de los puntos negros y de mini-pústulas que después se convierten en quistes en los que se acumula una mezcla de pus y de sebo; finalmente, sobre estos quistes se forman fístulas que tardarán años en’curarse.
Tanto en un caso como en otro, las secuelas de la enfermedad son indelebles. Los desgraciados, que exhibirán durante toda su vida los queloides, no tienen nada que envidiar a los señalados con la “pequeña viruela” de los conglobatas. Por ello, cuando un niño empieza a presentar acné, nunca está de más la consulta a un especialista, aunque sólo sea por razones “morales”. Efectivamente, aceptar sin ansiedad ni vergüenza los primeros “granos” de acné favorece muchas veces su rápida desaparición.
Tratamientos
Cuide ante todo la higiene personal: aire libre, ejercicios físicos y, particularmente, la higiene de la piel. Utilícense jabones dermatológicos ácidos y desinféctense las pústulas con lociones sulfurosas, alcohol alcanforado, o agua mineral con sal o vinagre. Manténganse siempre las manos limpias y las uñas impecables. El tratamiento más importante reside en un estricto régimen. Evítense los alimentos grasos, el cerdo y los pescados azules, los crustáceos y las conservas. Suprímanse las carnes con salsas, la charcutería, las especias, el pan, la repostería, el chocolate y los quesos fermentados.