RONQUERA
Esta alteración de la voz es más bien un síntoma que una enfermedad. Se observa la ronquera en todas las enfermedades de la laringe y, muy a menudo, en las afecciones graves o benignas de las vías respiratorias.
Después de un resfriado, durante y después de una gripe, e incluso antes, puede presentarse la ronquera. La ronquera crónica puede ser consecuencia de una ulceración sifilítica o de una tuberculosis pulmonar, y en este último caso es a menudo el primer síntoma. En estas afecciones graves, se trata, desde luego, de atender a la enfermedad en sí.
Las ronqueras pasajeras pueden ser debidas al frío, al exceso en el hablar (o gritar), y a la irritación provocada por el tabaco o el alcohol. “Festines, banquetes, vino, alcohol y tabaco —decía Caruso— son los enemigos de nuestra voz”. La primera precaución será, pues, la de evitarlos…
Tratamientos
Si persiste la ronquera, la cuidará:
— Con gargarismos a base de una decocción de raíces de malvavisco edulcorada con miel, o bien con higos batidos en leche, o con agua salada (empléese sal gruesa marina, sin refinar).
— Bebiendo varias veces al día un sorbo de zumo de limón puro.
— Succionando varias veces al día caramelos de miel o tomando algunas cucharadas de miel líquida.
— Bebiendo té bien caliente, edulcorado con miel y con un poco de zumo de limón, o bien tisanas suavizantes.
— Instilando en la nariz aceite de gomenol y aplicando compresas húmedas y calientes en la garganta.
— Tomando baños de pies con agua caliente (sin harina de mostaza).
