Aconsejamos fuertemente, a todas las madres de familia, de tener siempre en su farmacia hogareña un buen surtido de las plantas más usuales. Pueden procurárselas durante sus excursiones en el campo, en las chacras de las familias amigas, en su propio jardín o, claro está, comprándolas en la herboristería.
En ei último caso, lo más prudente y más económico es observar un buen término medio de 100 gramos de cada planta. Todas deben estar perfectamente secas y guardadas en cajas de cartón o en bolsas de papel debidamente rotuladas que se acomodan en un lugar seco y suficientemente aereado.
Muchas veces una buena infusión dada o tomada a tiempo evita pérdidas de jornales y visitas enojosas a la farmacia. Sin que esto signifique que haya que complicarse la vida y la de los demás con la obsesión de las tisanas y la manía de los «Yuyos».