
Fuente de salud inagotable, la naranja es así capaz de curar ciento y una enfermedades. A continuación te enumeramos las más importantes y, además, te explicamos cuándo y cómo debes tomar esta fantástica fruta para aumentar sus propiedades y olvidarte para siempre de tus males.

Naranjas naturales.
La acción conjunta de su vitamina C y su vitamina A constituye un preventivo contra las infecciones, sobre todo las intestinales y las del aparato respiratorio. Y ahí no acaban sus ventajas. Porque la naranja, no sólo es buena para prevenir, si no también para curar. Esto se debe a:
1. SU ACIDO CÍTRICO
Un antibiótico natural que actúa como desinfectante del organismo y microbicida contra determinados virus y bacterias.
2. SUS SALES DE POTASIO
Que despejan la sangre de residuos enfermos, aumentando la calidad de nuestros glóbulos rojos.
3. SUS SALES FOSFÓRICAS
Por sus efectos regeneradores para el cerebro y el plasma sanguíneo.

Tendrían que pasar casi 2.500 años hasta que en el siglo XVI un doctor que utilizaba el aceite esencial de naranja como pócima mágica para sus pacientes, tuviera la “valentía” de probar la fruta. Desde entonces este pequeño milagro de la Naturaleza se fue incorporando poco a poco a nuestra alimentación, aportándonos energía, vitalidad y, sobre todo, salud.
Comiendo una sola naranja de tamaño medio al día, nuestro organismo recibe todas las vitaminas y buena parte de los minerales que necesita para mantenerse en forma durante toda la jornada.

PARA ESTAR SANO HAY QUE TOMAR UNA NARANJA AL DÍA.
Semíramis que, hasta entonces siempre había estado cansada y deprimida, parecía otra desde que vivía rodeada de naranjas. Los curanderos empezaron a elaborar aceites esenciales con su pulpa que, simplemente inhalados, acababan con la anemia, la depresión y prevenían contra la tos y los catarros. Pero tampoco se les ocurrió a ninguno que pudiera comerse la naranja.

Durante miles de años, los chinos las utilizaron como condimento en sus guisos, además de para elaborar colonias, jabones y ambientadores. Sin embargo y curiosamente, nadie se atrevía a comerla.
Pero ahí no acaba la bonita historia de la naranja. En Babilonia, 800 años antes del nacimiento de Jesucristo, la reina Semíramis mandó traer de la China 2.500 naranjos para que su fastuoso palacio siempre oliese a azahar y al aroma de su fruto. Y fue entonces cuando los médicos, de forma accidental, descubrieron las virtudes medicinales de esta fruta.

Medicina de temporada.
Fruta legendaria, nadie se atrevió a probarla hasta hace 400 años. Desde entonces es la reina de nuestra cocina otoñal y, sobre todo, de nuestro botiquín.
Dice un cuento popular chino que Lorenzo, el Sol, cansado de tanto trabajo durante un largo verano, decidió bajar a la Tierra para descansar. Y como no lo podía hacer tal cuál era, optó por convertirse en naranja para, de esa forma, colarse dentro de las casas. Este bonito cuento se lleva narrando desde hace miles de años en China porque, aunque hoy en día sea España la mayor productora de esta fantástica fruta, las naranjas proceden precisamente de allí.

El Maiz. El maiz contiene vitamina E.
La vitamina E aumenta la capacidad sexual
La vitamina E cuenta con grandes propiedades, como la protección de las membranas celulares o la neutralización de los radicales libres, responsables del envejecimiento. En la actualidad, no cesan de realizarse estudios que tratan de demostrar que la administración elevada de vitamina E es capaz de frenar el proceso de envejecimiento de las personas pero, de momento, no se han obtenidos resultados firmes. Y menos aún resultados que demuestren que la vitamina E aumente la potencia sexual.

Un diente de ajo al día previene el infarto.
De momento, lo único que han conseguido demostrar todos los estudios realizados sobre este popular bulbo aromático es que ayuda a reducir los niveles del “colesterol malo”. Todas las demás propiedades que se le atribuyen al ajo, desde curar la artritis hasta prevenir el infarto, están pendientes de resultados científicos que las confirmen. Tampoco está muy claro que el ajo conserve sus saludables beneficios una vez cocinado, así es que se recomienda tomarlo crudo o en polvo, como se comercializa en grandes almacenes.

No se deben mezclar hidratos con proteínas.
Es una afirmación absurda que carece de todo fundamento científico. Hay quienes creen que mezclando alimentos ricos en hidratos de carbono -patatas, o arroz, por ejemplo-, con otros ricos en proteínas -un filete o unos huevos-, engordan. Están olvidando la regla de oro de la nutrición y es que sólo engordan las calorías consumidas que no se gastan, no importa de los alimentos que provengan ni de la manera en que los hayamos combinado. Es decir, si la dieta diaria de una persona de edad media -entre unos 35 y 40 años- y vida sedentaria es superior a 2300 o 2500 calorías, engordará, independientemente de que tome hidratos de carbono en el desayuno y proteínas en la cena para no mezclarlos.

Lo integral tiene menos calorías.
En realidad, la única diferencia entre los productos integrales y los que no lo son se encuentra en la cantidad de fibra que aportan unos y otros. Los productos integrales se elaboran con el grano entero del cereal, por lo que su contenido en fibra es alto. Por el contrario, los productos no integrales se elaboran con harinas refinadas y apenas aportan fibra. Lo integral es, indudablemente, más sano -las fibras previenen el cáncer de colon, regulan el tránsito intestinal y controlan los niveles de colesterol y glucosa en la sangre- pero no tiene menos calorías. Al contrario, los productos integrales suelen ser ligeramente más calóricos. Lo que ocurre es que las fibras que contienen sacian antes el apetito y se come menos cantidad.

El cacao soluble es 100% chocolate.
Nada más lejos de la verdad. El cacao soluble, tan apreciado por los más pequeños de la casa, contiene un porcentaje bastante bajo de manteca de cacao. Su composición mayoritaria se basa en hidratos de carbono procedentes de harinas espesantes, como la de maíz. Sin embargo, esta es una buena noticia para la salud, pues se convierte en un alimento con apenas grasa y una composición muy similar a la de los cereales, perfecta para el desayuno de los niños.

El café sube la tensión.
La cafeína estimula el sistema nervioso, facilita la digestión, dilata las vías respiratorias y ejerce un ligero efecto diurético, pero no afecta en absoluto a la tensión arterial. Y, de momento, tampoco se ha podido demostrar que produzca taquicardias o arritmias. El único riesgo de la cafeína es que provoca adicción en quienes toman mucha cantidad y, además, dificulta la absorción del calcio, favoreciendo la aparición de osteoporosis. Por lo demás, los hipertensos y enfermos del corazón pueden tomar café con moderación sin preocuparse lo más mínimo por su salud.