Tendrían que pasar casi 2.500 años hasta que en el siglo XVI un doctor que utilizaba el aceite esencial de naranja como pócima mágica para sus pacientes, tuviera la “valentía” de probar la fruta. Desde entonces este pequeño milagro de la Naturaleza se fue incorporando poco a poco a nuestra alimentación, aportándonos energía, vitalidad y, sobre todo, salud.
Comiendo una sola naranja de tamaño medio al día, nuestro organismo recibe todas las vitaminas y buena parte de los minerales que necesita para mantenerse en forma durante toda la jornada.