Verduras y hortalizas.
Al igual que sucede con la fruta fresca, los abundantes minerales y vitaminas de las verduras y hortalizas se pierden poco tiempo después de ser recolectadas. Por eso, lo mejor es consumirlas cuanto antes o congelarlas el mismo día en que las compres. Eso sí, recuerda que la mayoría de las verduras y hortalizas necesitan ser previamente hervidas antes de entrar al congelador, a excepción de algunas cuantas, como las judías verdes, los guisantes o el brécol. Las verduras de ensalada -como lechugas, berros o rábanos-no se pueden congelar. En la nevera, estos productos siempre deben ir en los cajones inferiores -donde el frío es menos intenso- y mejor si se guardan por separado en bolsas de plástico perforadas. Y un truquito: la lechuga se mantendrá más días fresca si la guardas en el frigorífico envuelta en un paño de cocina de algodón.