El consumo de carne de caballo continúa siendo minoritario, pese a su carne tierna y sabrosa. El primer establecimiento destinado a la venta de carnes de equino en España se abrió en Figueres, Girona, en 1910, y al poco tiempo se extendió su comercialización a Barcelona. Más tarde se inició su venta en Madrid. Se caracteriza por un color más rojizo que la carne de ternera o vaca y un sabor dulzón. Contiene pocas grasas en comparación con el resto de carnes. En cambio, su aporte de proteínas e hidratos de carbono es mayor y también es una fuente excepcional de hierro. Las piezas que se obtienen del caballo son muy similares a las del vacuno: solomillo, lomo, cadera, tapa, contratapa, babilla, espaldilla, aguja, morcillo, aleta, pescuezo, pecho, rabo y falda.