FRESCAS, UNA DELICIA…
Las ciruelas están maduras cuando al sacudir suavemente el árbol la fruta cae al suelo por su propio peso. Así recogidas, y sin pasar por las cámaras frigoríficas, son un verdadero manjar. Cuando las compres en el mercado, escógelas firmes, con la piel sana y cubiertas de ese polvillo mate y blanquecino (pruína) que las caracteriza. Si están verdes, déjalas fuera de la nevera hasta que maduren y recuerda que una vez en su punto se conservan en el frigorífico durante unos días. Antes de llevarlas a la mesa, déjalas a temperatura ambiente para poder disfrutar de todo su sabor. Si las comes con piel, lávalas con cuidado porque si no proceden de cultivos biológicos, suelen contener pesticidas y ceras nada recomendables para la salud.