LA NARANJA DEPURA EL HÍGADO.
Procedente de China y las islas del Mar de las Indias. Su nombre deriva del árabe naranda y es recomendada contra las inflamaciones, así como en intoxicaciones e infecciones digestivas y hepáticas.
Si bien la naranja constituye un alimento de primer orden, debe tenerse en cuenta ciertas consideraciones en su consumo.
Es imprescindible que antes de cortarlas para extraer su jugo se laven minuciosamente, ya que con el propósito de mantenerlas en óptimas condiciones muchos comerciantes suelen rociarla con pesticidas. No hay mejor naranja que una fresca, con la piel lustrosa y sin rostro de golpes o señales de humedad.
Resulta muy sano comerlas con sus hollejos, ya que además de su jugo, aprovechamos su fibra y otros nutrientes. Se acostumbra comerlas al final de las comidas, sin embargo, es mejor ingerirlas fuera de las comidas principales, pues puede resultar indigesta. Un proverbio ancestral dice: «la naranja en la mañana es oro, al mediodía es plata y por la noche mata ». Por ello, resulta saludable sustituir la taza de café con leche por un vaso de jugo de naranja al desayunar y abstenerse de tomarla por la noche. No obstante, aquellas personas cuyo metabolismo es muy lento por las mañanas no deben tomarla en ayunas, sino ha media mañana. Lo ideal es tomar el jugo de las naranjas recién exprimidas, y antes de que pasen los primeros treinta minutos. Sin embargo, si el clima se encuentra muy frío, puede templarse al baño María, pero nunca con calor directo, ya que éste destruye sus vitaminas y propiedades.
Más sobre naranjas y sus propiedades en plantas.