Lino para la piel.
Cultivado desde hace más de siete mil años, tiene la propiedad de suavizar y calmar la piel.
Del lino se utilizan las semillas, con las cuales se elabora la harina de linaza y se extrae el aceite. La semilla contiene entre un 30 y un H0% de aceite, que tiene una acción antiinflamatoria y emoliente. Las semillas en infusión se utilizan en las afecciones de las vías respiratorias -catarros y bronquitis-, digestivas -cólicos renales o biliares, espasmos intestinales-y urinarias. Mientras que las cataplasmas de harina de linaza, que se preparan con harina a la que se añade agua hirviendo hasta obtener una papilla espesa, se emplean desde hace siglos en picaduras de insectos y furúnculos. Tienen una acción calman-tey antiinflamatoria.
Por último, el aceite de linaza se utiliza como suavizante de la piel en caso de eccemas, piel reseca, quemaduras leves, etc.
Los cultivos de lino.
El cultivo de esta planta, que no se conoce en estado silvestre, se remonta a hace más de siete mil años. Como planta medicinal ya se utilizaba en los siglos iv y v a. C. de Cristo. El lino crece en los campos destinados a su cultivo, que por otra parte cada vez son menos en nuestro país. Las flores son de color azul claro, con cinco pétalos. El fruto es una cápsula con 10 semillas de color marrón.