¿Cómo cura una planta?
En términos generales, las hierbas medicinales actúan de la misma manera que las medicinas convencionales, esto es, a través de su actividad química. De hecho, en los últimos cien años químicos y farmacólogos han aislado y purificado cientos de compuestos biológicamente activos, cuya acción química interfiere con procesos orgánicos bien específicos. Algunos ejemplos de dicho trabajo:
• Digoxina: extraída de la planta Digitalis purpurea, un potente regulador del ritmo cardíaco.
• Reserpina: un alcaloide presente en la raíz de una planta originaria de la India, la Rauwolfia serpentina, es un poderoso antihipertensivo que, colateralmente, induce una sedación general.
• Colchicina: presente en un tipo de azafrán (Colchicum autumnale), se trata de un compuesto capaz de frenar el desarrollo de las células, al evitar su reproducción.
• Morfina: extraída del opio (Papaver somniafera), es uno de los analgésicos más poderosos que se conoce.
Y los ejemplos podrían llenar todas las páginas de esta revista. Incluso, como el efecto de un fármaco es el resultado de la interacción con cada organismo en particular, un mismo principio fitoactivo puede poseer dos acciones muy diferentes, según las características de la persona que la utiliza y la afección que padece. En algunos casos, la acción curativa se debe exclusivamente al compuesto fitoquímico presente en la hierba (como el poderoso antiasmático del ma-huang, una planta oriental), o bien actuar como consecuencia de la interacción entre varios componentes de la misma planta, lo que en farmacología se conoce como “sinergismo”; el clásico ejemplo de esto es la acción sedante de la valeriana.