Sigue la dieta mediterránea.
Se sabe que las frutas y las verduras ofrecen una importante protección frente a algunas enfermedades degenerativas. Por ejemplo, los arándanos son buenos para el corazón, el kiwi combate la anemia, las zanahorias protegen los ojos y las alcachofas ayudan a hacer la digestión. Según el profesor Lluis Serra, catedrático de Medicina Preventiva de la Universidad de Las Palmas, “la dieta mediterránea es rica en vitaminas procedentes de hortalizas, verduras, frutas, cereales integrales, aceite de oliva virgen y pescados, y con ella resulta muy poco frecuente el riesgo de ingestas deficitarias de vitaminas B (B,, B2, niacina, B6, folatos o B12). Además, garantiza un consumo elevado de vitaminas antioxidantes (vitaminas E y C) y de carotenos. Sin embargo, la vida moderna ha condicionado estos hábitos de vida y, bajo una apariencia de mejora, se ha ido abandonando el consumo habitual de elementos tan saludables como las frutas y las verduras. Teniendo en cuenta que se aconseja una ingesta diaria de ambos alimentos para asegurar al cuerpo la aportación necesaria de vitaminas y sales minerales, la educación sanitaria en España debería ir ligada a la potenciación de una alimentación sana en la que se incluyan esto alimentos, además de otros básicos como el aceite de oliva.