Ancianos con demencia: Comer es una obligación.
Las alteraciones neurodegenerativas de los ancianos con algún tipo de demencia conllevan, además de la pérdida de algunas funciones mentales, como la cognitiva, un alto riesgo de malnutrición por olvido, pérdida de interés por la comida al no captar el aroma, disfagia o incapacidad de deglutir o masticar. Pero, cuidado: “un estado de desnutrición puede originar trastornos en el sistema inmune, pérdida de fuerza muscular, problemas de cicatrización de heridas y complicaciones en la hospitalización”, según Ernesto García-Arilla, presidente de la Sociedad Aragonesa de Geriatría.