Escudo protector del corazón.
Los beneficios cardiovasculares de los ácidos grasos omega 3 se pueden concretar, según el doctor Pedro Mata, jefe de la Unidad de Lípidos de la Fundación Jiménez Díaz, de Madrid, en los siguientes: hacen disminuir el nivel de los triglicéridos en sangre, inhiben el crecimiento de la placa de ateroma (previniendo así enfermedades como la arteriosclero-sis y sus temidas secuelas, entre las que se encuentran el infarto de miocardio o la angina de pecho), previenen la trombosis, elevan la dilatación arterial (lo que mejora los casos de hipertensión) y actúan como un freno frente a las arritmias y la parada cardiaca. “Tomando tan sólo un gramo de omega 3 al día se puede reducir hasta un 30 por ciento la probabilidad de padecer una enfermedad cardiovascular en personas que tienen antecedentes familiares de estas patologías”, señala el doctor Pedro Mata.
Esta cantidad de un gramo diario es el mínimo aconsejable en la dieta de cada día, cifra que en su límite superior se sitúa en 1,5 g. Pero ¿cómo se pueden traducir estas cantidades dentro de la alimentación cotidiana? Los expertos en Nutrición sostienen que un consumo de tres a cuatro raciones de pescado azul a la semana aporta al organismo la cantidad recomendada de omega 3. Pescados azules son el bonito, el arenque, la sardina, el pez espada, el boquerón… En los casos en que la ingesta de pescado azul no llegue a las cifras idóneas, ahora existe la posibilidad de recurrir a alimentos que están enriquecidos con estos ácidos grasos, como puede ser la leche.