OMEGA 3.
PROTEGE TU CORAZÓN CON LAS GRASAS DEL PESCADO AZUL.
Comer cuatro raciones de pescado azul a la semana te protege de enfermedades cardiacas, del cáncer, la artritis, la alergia… Así lo aseguran los últimos estudios científicos, que también apuntan un efecto beneficioso de este pescado en patologías de la piel como la psoriasis o la dermatitis. Líbrate de todas ellas comiendo salmón, atún, pez espada, caballa…
Las grasas, pese a su mala fama, son un nutriente esencial para el organismo humano: aportan energía, forman parte de las células y ayudan a que algunas vitaminas se distribuyan por el organismo. Lo que sí’es cierto es que no todas las grasas tienen las mismas características ni son igual de beneficiosas para la salud. Dentro de los dos grandes grupos en los que se pueden clasificar las grasas, las saturadas y las insaturadas, estas últimas son las que más beneficios reportan al organismo, sobre todo a nivel cardiovascular, sin que quiera ello decir que las primeras no sean necesarias. Una vez realizada esta primera clasificación de las grasas vamos a destacar un grupo de ellas, pertenecientes a las poliinsa-turadas. Se trata de los llamados ácidos grasos omega 3, de los que seguramente ya has oído hablar en alguna ocasión (algunos productos alimenticios están siendo enriquecidos con ellos y ya se pueden adquirir en el mercado). Estas grasas desempeñan un papel esencial en el cuerpo humano, ya que forman parte de todas sus células y son un componente destacado del sistema nervioso y de la retina de los ojos. Esto es lo que estaba confirmado por la comunidad científica sobre los ácidos grasos omega 3.
Pero hace unas décadas el interés de los investigadores se centró en estos nutrientes tras caer en la cuenta de que las poblaciones de esquimales y los habitantes de Japón registraban menos tasas de infarto de miocardio y de otros problemas cardiacos que el resto de las personas analizadas de otros países. Tras los pertinentes análisis científicos, llegaron a la conclusión de que el motivo de que su salud cardiovascular estuviera más protegida se encontraba en el elevado consumo de pescado azul que llevaban a cabo tanto los japoneses como los esquimales, ya que este tipo de pescado es muy rico precisamente en ácidos grasos omega-3.