Digestión:
En el estómago, la miel es rápidamente asimilada porque no necesita gestión previa. Unos 30 g de miel el desayuno calman úlceras gaseas y duodenales y dolores de estomago tras las comidas. Sus fuentes digestivos y su acetilcolina mentan la secreción de las glándulas digestivas, por lo que también ayuda a trastornos dispépticos. Su acción se extiende a la flora intestinal ir sus efectos antisépticos, mejorando las inflamaciones gastrointestinales, colitis y otras pato-gías digestivas. Y como ligeramente laxante, va uy bien en épocas de estreñimiento.
Pulmones:
Las afecciones pulmonares son las que más se benefician de la ingesta de miel. Debido a que sus monosacáridos ejercen una acción expectorante, se emplea para aliviar catarros, gripes e inflamaciones de las vías respiratorias. A ello hay que sumar sus cualidades antisépticas, bacteriostáticas y balsámicas, siendo útil en el tratamiento de afecciones de garganta. En los comienzos de una faringitis, laringitis o bronquitis, la miel también es muy recomendable. Actúa como calmante y sedante, tanto si se toma en cucharadas (2 o 3 veces al día) o en infusión mezclada con limón.
Hígado:
La miel aumenta la cantidad de glicógeno disponible, lo que se traduce en una acción hepatoprotectora. Además, combate las toxinas microbianas al verter gran cantidad de glucosa en la sangre, acción de la que se beneficia el hígado. En casos de alcoholismo activa la eliminación del alcohol hasta un 35 por ciento.
De romero, de brezo… Elige la miel que mejor te va.
Pulmones:
► Espliego
► Tomillo
► Eucalipto
► Mejorana
► Pino
► Romero
Sistema nervioso:
► Tilo
► Azahar
► Naranjo
Piel:
► Brezo
► Encina
Higado:
► Romero
Aparato central femenino:
► Majuelo
► Tilo
► Romero
► Salvia
Huesos:
► Brezo
► Mejorana
Corazón:
► Brezo
► Castaño
► Espliego
► Majuelo
► Tilo
Riñones:
► Brezo
► Tilo
► Eucalipto
Digestión:
► Espliego
► Majuelo
► Acacia
► Azahar
► Tomillo
Si te gusta la miel de sabor fuerte opta por la de eucalipto o castaño. Las de acacia o azahar tienen un gusto más suave.