Alimentos en polvo.
La leche en polvo y otros inventos similares son ideales si tienes que ¿esayunar deprisa, pero no son adelgazantes ni supersaludables. Se trata de polvos que, mezclados con agua (en el caso de la leche), aportan 140 calorías. Si añades azúcar, la cifra se multiplica.
► La solución: Compra un microon-das y toma un desayuno a base de media taza de leche desnatada y cereales. Recibirás 3,5 g de fibra y 320 mg de calcio en sólo 189 calorías.

Pasta de espinacas.
Suena fabuloso: regalar al organismo todas las propiedades de las espinacas mientras saboreas un suculento plato de macarrones. Pero hay tan poco de espinacas en esta pasta que las etiquetas ni indican la presencia de la vitamina A. Media taza de espinacas equivaldría, en cuanto a beneficios, a tomar durante ocho días seguidos un plato a rebosar de pasta de espinacas.
► Solución: Cocina las espinacas y añádelas en forma de guarnición o salsa a tu plato de pasta habitual.

Yogur helado.
Mucha gente piensa que el yogur helado es el postre más ligero y sabroso. De su sabor, no dudamos, Pero sí de su ligereza, ya que algunos tienen hasta 400 calorías por racion y nada menos que 9 g de grasa.
► La solución: Busca y rebusca hasta encontrar un yogur helado que contenga realmente pocas calorías (sí que los hay).

Kits de ensalada.
Parecen una delicia dietética para los gourmets más exquisitos. El problema es que, más que individuales, se trata de raciones triples, y cada ensalada lleva como media 550 calorías y 15 g de grasa.
► La solución: Compartir es vencer. No los adquieras con intención de comértelos de una sentada.

Leche de soja con calcio.
No todas las leches de soja añaden el calcio suficiente para igualar un vaso de leche convencional, que lleva 300 mg. Fíjate en las etiquetas y verás cómo ninguna pasa de 200 mg. Además, sólo se absorbe el 75 por ciento del calcio de estas leches.
► La solución: Lee atentamente las etiquetas: algunas sí tienen hasta 300 mg de calcio e incluso más.