¿Hinchazón?, ¿retención de líquidos?

Retención de líquidos, gases, digestiones lentas y difíciles, circulación deficiente… Todos estos problemas se traducen en un aumento de volumen ¡y de peso!, al que es difícil plantar cara a través de una dieta. Puede tratarse de un problema puntual o puede haberse convertido en crónico. Abdomen, piernas, caderas, brazos, manos… suelen ser las zonas más castigadas por el exceso de volumen, que no corresponde en muchas ocasiones a un aumento de peso, sino a otros factores no menos importantes que se confabulan para hincharnos como si fuésemos globos. Afortunadamente, la solución no suele ser difícil y, salvo en casos crónicos o graves, bastan unas pautas de vida y algunos tratamientos específicos, ninguno tan efectivo como la homeopatía.

Pero antes de emprender tu batalla frente al volumen, párate un segundo y reflexiona: ¿lo tuyo es hinchazón o, por el contrario, lo que te ocurre es que tienes tendencia a la retención? No es lo mismo, y debes saber cuál es tu problema antes de ponerte manos a la obra:

► Hinchazón. El problema viene provocado por un exceso de aire que tragamos y por el hecho de no ingerir bien la fibra contenida en los alimentos. Por suerte, aunque incómoda, la hinchazón sólo afecta a la zona de! vientre y suele desaparecer en 48 horas.

► Retención. La padeces cuando los líquidos ingeridos no se eliminan con regularidad a través del sudor o de la orina. La retención sí afecta a todas las partes del cuerpo y no desaparece con facilidad.

¡Atención a los momentos críticos!

Aunque todos podemos sufrir este problema en algún momento, el exceso de volumen debido a la hinchazón o a la retención excesiva de líquidos afecta sobre todo en las siguientes etapas de la vida:

► Síndrome premenstrual. Una semana antes de la regla, nuestro peso puede aumentar hasta dos kilos debido a la retención de líquidos que se experimenta en este periodo.
► Menopausia. La brusca disminución hormonal (de estrógenos) que se sufre provoca que se ralentice de manera notable el proceso de eliminación de líquidos por parte de nuestro organismo.
► Embarazo. A la sobrecarga física que se debe soportar se unen una mala circulación de retomo y el hecho de que los tejidos se vuelven más esponjosos, por lo que retienen más líquido.
► Estrés. El nerviosismo y las situaciones de ansiedad nos llevan a comer a toda velocidad, con lo que tragamos mucho más aire del estrictamente necesario.