Vitamina E: Para «despejar» las ideas.

Aunque los estudios sobre la dieta y el cerebro son relativamente recientes, la vitamina E, que se encuentra sobre todo en el germen de trigo, la levadura de cerveza, el ginkgo bi-loba y la lecitina de soja, emerge con protagonismo propio. A la vez que actúa como un potente antioxidante con efectos muy beneficiosos sobre los trastornos cardiacos y la arteriesclerosis, aumenta el flujo de oxígeno al cerebro, aliviando la fatiga, mejorando el riego cerebral y la oxigenación de los tejidos. Por otra parte, se ha comprobado que mejora las habilidades cognitivas y tiene positivos efectos sobre el Alzheimer. Un estudio realizado en Chicago, con más de 3.000 personas mayores de 65 años, reveló que los suplementos de vitamina E redujeron un 37 por ciento la pérdida de memoria y atención, y la abstracción del pensamiento. Independientemente de la edad, la agilidad mental y la memoria eran mejores en las personas ancianas que habían aportado a su organismo una nutrición adecuada. Respecto al Alzheimer, uno de los mayores estudios llevado a cabo en EE.UU. con 341 pacientes en etapas avanzadas de la enfermedad, demostró que la ingesta de vitamina E retrasaba en 200 días el inicio de cada etapa. Y eso no es todo: aunque la vitamina E es un potente antioxidante por sí solo, sus efectos se amplían notablemente si se combina con otros como el sele-nio y la vitamina C.

La lecitina de soja, rica en vitamina E, puede retrasar el Alzheimer.