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CÓLICO

enero 17, 2008

CÓLICO

Este es un ejemplo en el que el lenguaje corriente confiere a una palabra una acepción que no corresponda a la del vocabulario médico.
Generalmente asimilado a la diarrea, el cólico es, en su sentido más estricto, exactamente lo contrario, pues consiste en un desajuste del colón (una de las tres porciones del intestino grueso), que se manifiesta por la dolorosa imposibilidad de permitir el desplazamiento de las deposiciones. Generalmente, conduce al estreñimiento.
Tener un cólico puede querer decir tener dolor de vientre pero nunca, aunque esta opinión esté muy difundida y pese a que ello puede producirse, tener diarrea.
De hecho, el cólico es, ante todo, un dolor; un dolor normalmente intenso, difuso e irradiado que no se calma con nada y que procede del bloqueo o de la obstrucción de una vía natural de excreción como es el colón.
Los médicos también han calificado de cólicos a afecciones muy diversas pero que tienen en común estas dos características: son muy dolorosos y el sufrimiento proviene de la obstrucción de una vía natural de excreción. Así pues, tenemos:
Cólicos nefríticos, cuando las vías de expulsión de la orina fabricada en los ríñones se encuernan obstruidas.
Cólicos hepáticos, cuando son las vías biliares las que presentan la obstrucción.
Cólicos salivares, cuando el conducto de excreción de una de las glándulas salivares está atascado y la saliva no puede pasar.
Cólicos espermáticos y testiculares en el hombre, cólicos uterinos en la mujer…
Todos estos cólicos son muy dolorosos y se parecen entre ellos; los más temibles y más frecuentes son el cólico nefrítico y el cólico hepático.
El dolor irradiante de un cólico no cesa hasta que la causa de la obstrucción ha sido suprimida; dado que se trata de cálculos, el cólico dura todo el tiempo de progresión del o de los cálculos hacia la salida del canal obstruido. Una crisis puede prolongarse durante varias horas y el paciente acabar agotado.
El cólico hepático o litiasis biliar
Los mecanismos por los cuales llegan a formarse cálculos en las vías biliares, hasta el punto de obstruirlas, están todavía en discusión. Sin embargo, parece que en este caso se trata de una enfermedad fisicoquímica de la propia bilis, que es el producto de excreción de la glándula hepática.
La bilis está compuesta fundamentalmente por pigmentos (que provienen de las células muertas de la sangre), sales biliares y colesterol. Las sales biliares aseguran su homogeneidad al emulsionar el cuerpo graso que es el colesterol, es decir solubilizándolo. Cuando esta solubilización no se lleva a cabo, el colesterol precipita y se cristaliza. Este es el principio de un cálculo. Hasta el presente, el motivo de esta falta de solubilización no ha sido determinado con exactitud. A pesar de todo, existen tres hipótesis:
La primera hipótesis se justifica mediante el hecho de que la litiasis biliar (formación de cálculos) afecta frecuentemente a grandes comedores, o sea individuos que tienen una tasa de colesterol elevada.
La segunda hipótesis induce a la investigación de por qué las sales biliares pueden disminuir cuantitativamente y en eficacia dentro de la bilis. Parece ser que existen factores hormonales que intervienen en los sutiles mecanismos de fabricación de estas sales, y ello explicaría el hecho de que la litiasis sea mucho más frecuente en las mujeres que en los hombres, y sobre todo en las mujeres embarazadas, cuyos ciclos endocrinos (hormonales) están alterados.
La tercera hipótesisla del exceso de pigmentos sanguíneos— es la más factible; correspondería en realidad a una hemolisis, es decir, a la destrucción masiva, en algún ugar del organismo, de un gran número de glóbulos rojos.
La litiasis biliar puede producirse en cualquier nivel de las vías de excreción de la bilis en los finos canalículos del propio hígado, en el conducto hepático, en la vesícula biliar donde la bilis está almacenada fuera de las horas de comida, y en el conducto que une la vesícula con el intestino, donde la bilis normalmente debe desembocar. El cólico hepático indica generalmente la presencia de un cálculo en la vesícula o en el colédoco (conducto que une la vesícula con el intestino).
La crisis empieza generalmente por la noche con una sensación de pesadez en el costado derecho. El dolor, insoportable, aparece rápidamente. Se irradia hacia el costado derecho, ascendiendo por la espalda, incluso hasta el hombro, y lo acompañan vómitos y fiebre. En algunos casos, se manifiesta rápidamente una ictericia (color amarillo), debido al paso de los pigmentos biliares no excretados a la sangre.
El cólico nefrítico o litiasis renal
El principio de la formación de cálculos en las vias de excreción urinaria es idéntico al de la litiasis biliar: los cálculos se forman cuando, por exceso de algunos cuerpos químicos o por defecto de otros, los primeros cristalizan para formar la célebre arenilla. Pero los datos del problema eneste caso son más complicados que en el hígado.
Los cálculos renales más frecuentes (50% de los casos) son de origen fosfático; a continuación vienen los cálculos oxálicos (35% de los casos) y, finalmente, los cálculos úricos (10%). También hay otros tipos, pero son poco frecuentes.
El único dato común de todas estas litasis es, casi siempre, la disminución del volumen de orina. Esta restricción urinaria puede proceder de una enfermedad del riñon (nefritis) o, simplemente, de la insuficiencia de volumen de las bebidas, o incluso (como en el caso de los coloniales inadaptados a los climas cálidos) por el hecho de que el agua del organismo sea eliminada en gran parte por la transpiración.
La obstrucción patológica de la corriente urinaria en las vías de excreción también puede favorecer la litiasis. Es el caso, por ejemplo, de ciertas malformaciones del riñon o de los uréteres (conductos que unen los ríñones con la vejiga), que pueden presentar acodamientos, o de algunas enfermedades de la vejiga que bloquean la evacuación normal del flujo urinario.
Por supuesto, los tratamientos de fondo de cada una de estas litiasis son muy distintos entre sí y no pueden iniciarse sin haber establecido previamente un diagnóstico seguro de la causa o de los cálculos.
La litiasis oxálica es debida a un exceso de ácido oxálico, resultante generalmente de una alimentación excesivamente vegetariana (acederas, espinacas, tomates).
La litiasis úrica corresponde a un exceso de ácido úrico; esta misma sustancia también provoca la gota, pero su aparición pletórica no se explica únicamente con la alimentación (exceso de carne, de caza). Es una verdadera enfermedad del metabolismo, sin duda, la que lo provoca. Lo mismo se puede aplicar, generalmente, a las litiasis fosfáticas, en las que la sobrecarga de calcio desempeña un gran papel.
La crisis de cólico nefrítico empieza cuando el cálculo sale del riñon y se incrusta en el uréter. El dolor es intenso, incluso insoportable para los individuos más resistentes. Generalmente, no se acompaña de fiebre, excepto si, al prolongarse varios días, el desplazamiento del cálculo provoca lesiones que se infectan. El cólico nefrítico, siempre en función de estas lesiones, puede acompañarse de hematurias (presencia de sangre en la orina).
Tratamientos
En los enfermos afectos por cólicos nefríticos debe prescribirse un régimen alimenticio que no comporte espárragos, espinacas ni champiñones, recomendándose la ingestión de un litro y medio de agua, poco mineralizada, al dia, para favorecer una eliminación urinaria intensa.

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