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CONJUNTIVITIS

enero 18, 2008

CONJUNTIVITIS

El ojo no es un sistema vital, pero es el más preciado de nuestros órganos de los sentidos.
Muy frágil, el globo ocular se encuentra, naturalmente, bien protegido. La primera barrera de protección es la conjuntiva: una fina mucosa ricamente vascularizada que recubre la porción anterior del globo ocular, excepto el sistema foto-receptor transparente que está en el centro. Esta conjuntiva es una auténtica barrera, pues después de haber recubierto íntimamente la superficie esférica del ojo, se aparta del globo ocular, se repliega y va a adherirse a los párpados, a los que tapiza por su cara interior. La conjuntiva detiene, pues, los cuerpos extraños (polvo, microbios, virus) que, sin ella, penetrarían hasta el fondo de las órbitas. Por ello, esta mucosa está expuesta y sujeta a múltiples afecciones.
Las inflamaciones simples o las infecciones de la conjuntiva se agrupan bajo el nombre genérico de conjuntivitis.
Es muy difícil, y sobre todo muy peligroso, para el profano intentar diagnosticar la verdadera naturaleza de una afectación del ojo. En realidad resulta muy fácil confundir una afección con otra y aplicar consecuentemente al ojo un remedio que puede empeorar la situación en vez de mejorarla.
Sin embargo, existe un cuadro esquemático de la conjuntivitis corriente que puede orientar sobre la identificación de la enfermedad. El ojo se enrojece y aparece estriado por numerosos vasos superficiales.
El paciente tiene la impresión de que se le hinchan los párpados y que un cuerpo extraño le ha penetrado dentro del ojo. Por la mañana, al levantarse, los párpados están llenos de légañas. Uno o dos días más tarde, el otro ojo también resulta afectado.
Primordialmente,   las   conjuntivitis   son producidas por bacilos. En el amplio repertorio trazado por los oftalmólogos, hay algunas que tienen importantes repercusiones. La gravedad se calibra por el hecho de que la mucosa, en vez de presentar una simple inflamación acompañada por un derrame catarral, ofrece una superficie irregular provista de bolsas y granulaciones.
Al llegar a este estado, el propio órgano óptico se encuentra amenazado, ya que la infección generalmente es expansiva (conjuntivitis gonocócica del recién nacido, que, si no se previene desde el nacimiento, conduce a la ceguera).
Tratamientos
He aquí algunas recetas que pueden emplearse en casos benignos (conjuntivitis consecutiva a una prolongada exposición a una luz intensa, a una corriente de aire o a la introducción de una mota de polvo en el ojo).
Practíquense baños de ojos con agua hervida y después enfriada, té tibio (eficaz gracias al tanino) o infusiones tibias de manzanilla (no cura, pero calma). Llénese una tacita y acerqúese el ojo a la superficie líquida; a continuación, muévanse los párpados de modo que el ojo quede bien bañado.
Háganse compresas a base de las mismas infusiones.
— Durante el día es aconsejable utilizar gafas de sol y proteger el ojo con una gasa estéril seca.
Jamás debe frotarse el ojo con las manos sucias.

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