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DIARREA

enero 18, 2008

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Esta palabra no designa en sí una enfermedad, sino la manifestación de afecciones muy diferentes y que sólo tienen en común un desajuste del aparato intestinal. Breve y momentánea, la emisión de heces líquidas no debe inquietar, pero si, en cambio, se repite y va acompañada de dolores o presenta vestigios de sangre, hay que recurrir al médico. Así mismo, mantener una diarrea crónica sin preocuparse por ella, es una grave imprudencia. Al finalizar la digestión en los intestinos sólo deben quedar desechos y agua, y al intestino grueso le corresponde absorber esta agua, por lo menos en parte, y confeccionar, con el resto de las materias, los excrementos sólidos que el recto evacuará diariamente. Hay diarrea cuando esta absorción de agua no se efectúa en las proporciones requeridas, y las heces expulsadas son entonces demasiado líquidas y su evacuación excesivamente frecuente.
Un origen fisiológico
Esta carencia de absorción revela, evidentemente, un trastorno en el intestino grueso. Ocurre a veces, simplemente, que el tránsito intestinal es demasiado rápido, por lo que las paredes del ciego y del colón no tienen tiempo para filtrar los líquidos que pasan por ellas. Ocurre a veces después de comidas compuestas exclusivamente de verduras ricas en celulosa, ya que ésta excita las paredes del intestino y acelera el progreso de las materias ingeridas; es el mismo fenómeno que se produce al tomar un laxante.
Sin embargo, hay otros muchos motivos que conducen al mal funcionamiento temporal del intestino grueso. Como reacción contra la actividad nociva de los gérmenes microbianos, su pared puede contraerse de un modo aberrante y acelerar el tránsito de las materias; incluso cabe que esta pared se vea afectada en su permeabilidad.
La perturbación de la flora intestinal

Igualmente, una ruptura en el equilibrio de la flora intestinal (las bacterias que descomponen, por fermentación, los residuos alimenticios) puede ocasionar un desequilibrio en la distribución de las materias que normalmente constituyen las heces. En este sentido, el abuso de antibióticos destruye la flora intestinal y ocasiona fuertes diarreas.
Un origen microbiano, viral o nervioso

A menudo la diarrea es debida a la presencia en el organismo de gérmenes (microbios, virus) muy activos que, en un momento o en otro, alteran el funcionamiento automático de la pared intestinal.
Sometida a una minuciosa y constante regulación nerviosa, la pared intestinal puede hacerse eco de trastornos de índole neurológica, tales como emotividad, ansiedad o miedo.
Un origen inflamatorio

Por último, la diarrea puede ser consecuencia de una intoxicación alimenticia (toxinas que inflaman la pared intestinal) o de enfermedades específicas del tubo digestivo que causen su inflamación o infección: tumores, pólipos, colitis, etc. Sobre todo, en estos últimos casos la diarrea puede hacerse crónica, y actúa como señal de alarma permitiendo descubrir la enfermedad principal y proceder en consecuencia.
Tratamientos
Entre todas las formas de esta afección, las hay que requieren cuidados médicos y análisis necesarios para determinar el elemento patógeno causante.
En cambio, para combatir una diarrea banal e inhabitual, existen numerosos remedios naturales:
Una dieta hídrica a base de té, tisanas, agua de arroz, agua salada, etc. Mientras dure la crisis, tome g 5 grs de harina de algarroba cada hora, disminuyendo después, progresivamente, la dosis. Procure no pasar frío y, si es necesario, utilice una faja abdominal de lana. La reanudación de la alimentación normal es delicada. Comience por arroz o tapioca hervidos con agua; seguidamente, podrá comer pastas y puré de patata (siempre cocidos con agua), compotas (manzana, membrillo) y pan tostado. Cuando coma carne de nuevo, empiece siempre por carnes blancas y magras. No suprima las tisanas.
— Si sólo se trata de una diarrea ligera, la dieta hídrica pura es inútil; siga el tratamiento precedente a partir de la reanudación de la alimentación.

— El carbón vegetal o animal es un antidiarreico excelente.
— La levadura de panadero, los copos de levadura y la ultralevadura en polvo son muy buenos reconstituyentes de la flora intestinal. En casos de enfermedades infecciosas o de diarrea consecutiva a un tratamiento con antibióticos, no sólo es bienhechora, sino incluso necesaria su ingestión.
— Cuando es un niño el que padece la diarrea, debe guardar cama y se le darán copos de avena crudos, espolvoreados con azúcar o bien semidiluidos en un poco de leche fría, con exclusión de cualquier otro alimento si la crisis es seria. Alterne con manzanas crudas y maduras ralladas, o con zanahoria rallada. Hágale beber numerosas tisanas.
— En la diarrea de los bebés, consulte con el pediatra. Si la diarrea no es sospechosa, prepare biberones con crema de avena y dé al niño manzanas finamente ralladas. Suprima la leche de vaca.
La confitura y la jalea de membrillo también son altamente recomendables para los adultos.
Observación: Puede parecer curioso que el tratamiento de una enfermedad cuyo síntoma básico consiste en la abundancia de agua en las heces, esté compuesto principalmente por líquidos. La explicación radica en que, por ser muy importante la pérdida de agua, sea necesario compensarla para evitar el peligro de la deshidratación, de donde la mayor necesidad de bebidas y dietas hídricas.

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