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DIENTES

junio 15, 2008

DIENTES

Los dientes no son simples huesos, sino pequeños órganos cuya importancia desestimamos la mayoria de las veces.

La anatomía de los dientes es mucho más compleja que lo que suelen mostrar sus dibujos en corte transversal. Lo escencial es saber cómo protegerlos y cuidarlos.

Para que un niño posea una buena dentadura
Hay que preocuparse incluso antes del nacimiento, ya que la formación de los dientes empieza el día 40 de la vida intrauterina y la calcificación se realiza en los cuatro últimos meses del embarazo. Por lo tanto, la alimentación de la madre es primordial y debería estar compuesta, sobre todo, de verduras, carnes a la parrilla, frutas y leche, en detrimento de azúcares y féculas. Las vitaminas A, C y D, el calcio, el fósforo y el hierro deben abundar en la alimentación durante el embarazo y la lactancia.
Si el bebé es alimentado con biberón, se aconseja a la madre que lo sostenga con firmeza para que su peso no gravite sobre la mandíbula del pequeño, con lo que se evitarán futuras malas posiciones de los dientes. De los seis meses a los dos años, hay que limpiar los dientes del bebé con agua y un cepillo muy suave, y mostrar férrea disciplina en cuatro puntos:
Persuadir al pequeño para que no se chupe el pulgar.
Evitar al máximo los caramelos, sobre todo después del cepillado nocturno.
No exagerar el consumo de harinas o de productos ya preparados que sobrecargan de toxinas el organismo del bebé, y darle, en cambio, la mayor cantidad posible de alimentos naturales, aunque exijan mayor preparación.
Enseñar al pequeño a masticar largo rato los alimentos antes de deglutirlos.
No tema al dentista
Es necesario que el niño y el adulto, vean al dentista por lo menos dos veces al año, ya que una caries descuidada puede infectarse y provocar múltiples y graves enfermedades. Insistimos particularmente en este punto, puesto que la caries llega progresivamente a la pulpa y puede causar infecciones, abscesos, quistes o tumores sin hablar de trastornos visuales.
La caries dental es uno de los azotes de los tiempos modernos. Se debe a la ingestión
de alimentos excesivamente blandos que implican una masticación insuficiente, a un abuso de golosinas, a una higiene bucal y alimenticia deplorable, y a frecuentes desmineralizaciones.
Un mal estado general puede engendrar también caries, artritis o piorreas dentales (descalcificación de los dientes), estomatitis (inflamaciones de la boca) o gingivitis (alteraciones de las encías).
Cualquiera que sea la enfermedad de la boca, las encías o los dientes, es tan peligroso cuidarse sin ayuda especializada como negligir los signos precursores.
¿Cómo conservar una dentadura tana?
La alimentación. Busque una alimentación equilibrada en la que abunden frutas y legumbres, evite al máximo el alcohol y el tabaco; éste último da a los dientes un color amarillento y favorece su descalcificación. La vitamina D (aceite de oliva, verduras, hígado de ternera, polen), el calcio (leche, queso, mantequilla, zanahoria, col, huevos, cereales, puerro, cebolla…) y el flúor (arroz, patatas, espárragos, huevos, albaricoques, tomates) son esenciales para la salud de los dientes.
Elección del cepillo dental
En principio, hay que disponer de dos cepillos dentales, para que uno de los dos esté seco en el momento de emplearlo.
El cepillo dental debe ser:
— De seda natural o de cerdas de jabalí.
— Suficientemente duro para que resulte eficaz.
— En ningún caso sumergido en agua caliente.
— Enjuagado con agua fría después de utilizarlo.
Guardado con las cerdas arriba y al abrigo del polvo.
Renovado cada tres o cuatro meses.
El cepillado
Para que sea eficaz, debe efectuarse por la mañana y por la noche (y, de ser posible, después del almuerzo). Hay que observar ciertas precauciones:
Cepille los caninos e incisivos de abajo arriba y de arriba abajo.
Cepille las muelas horizontalmente.
Cepíllelas por las tres caras.
Enjuagúese la boca con agua fría o tibia, pero nunca con agua caliente; añada al agua del enjuague un puñado de sal marina sin refinar o el zumo de medio limón.
Termine con un leve masaje de las encías con el dedo.
Observación: El sarro, debido a un exceso de cal en la saliva, es responsable de la caries del cuello de la pieza dental; por consiguiente, el dentista debe proceder a una limpieza a fondo periódica (una o dos veces al año), operación que sólo él puede efectuar.
¿Qué dentífrico emplear?
Recientes trabajos científicos han evidenciado la capacidad de la boca para defenderse por sí sola de las infecciones.
La saliva, aparte de su papel insustituible en la digestión de azúcares y almidones, tiene tales propiedades bacteriológicas que neutraliza las agresiones microbianas de las que la boca es teatro permanente.
¿Quién no ha observado con cuánta rapidez cicatrizan las profundas heridas ocasionadas, por ejemplo, por las extracciones de las muelas? Por desgracia, los buenos dentífricos que respetan estas propiedades son poco numerosos.
Los dentífricos a base de sal marina. Son los favoritos de los dentistas. Fortifican las encías y combaten la descalcificación de los dientes, a la par que provocan una afluencia de saliva que disuelve los restos de alimentos.
Los dentífricos a base de polvo de corcho. El corcho, por sus propiedades naturales, evita e incluso cura la piorrea. Además de fortificar las encías, el corcho en polvo, apto para pulir sin ser abrasivo, da al esmalte un máximo de brillo.
Los dentífricos a base de hidroxidasa. La hidroxidasa entra en la composición de un dentífrico médico en una proporción del 30 por ciento. Tiene la propiedad de robustecer las encías y purificar el aliento.
Los dentífricos a base de arcilla. Son antisépticos, previenen las caries y tonifican las encías.
Los dolores de muelas
Un diente o una muela cariados deben ser curados cuanto antes por un dentista; sin embargo, para aliviar entre tanto el dolor se puede:
— Hacer enjuagues con una infusión de salvia o camomila.
— Pintar la encía con tintura de yodo e introducir en la caries un poco de algodón empapado con esencia de clavo o con alcohol de 90°, y después hacer penetrar, si es posible, otra bolita de algodón seco para impedir el paso de la saliva. Si hay un principio de absceso, se pinta la encía con tintura de yodo y se aplican compresas calientes a la mejilla. Haga frecuentes buches con agua hervida a la que se habrá agregado agua oxigenada.

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