Enero 25, 2008

HEPÁTICAS, ENFERMEDADES

Archivado en: Hepáticas — admin @ 10:37 am

HEPÁTICAS, ENFERMEDADES

Son las enfermedades del hígado (el mayor de nuestros órganos) y de las vías biliares. Son muy numerosas, y algunas particularmente frecuentes (litiasis). Aquí sólo hablaremos de las más corrientes y no nos detendremos en las graves, cuyo diagnóstico es a menudo difícil y su tratamiento todavía más.
Las cirrosis
Se deben en la mayoría de los casos al alcoholismo, pero pueden provenir de una insuficiencia cardíaca, de intoxicaciones y de lesiones (hígado, vías biliares), o seguir a una enfermedad hepática viral. El hígado aumenta de volumen, cambia de consistencia y de color, y puede haber ictericia, fiebre y dolor. ‘
Los cánceres

Provienen sobre todo de la evolución de regiones cancerígenas cercanas, en particular estómago y páncreas. El hígado aumenta de tamaño, se endurece y a menudo presenta bultos. Los cánceres de las vías biliares se observan en las personas afectadas por litiasis.
Las ictericias

La coloración amarillenta de la piel y las conjuntivas se debe a la dispersión de bilis en la sangre.
Las ictericias pueden ser abiertas o discretas, y acompañan a numerosas enfermedades del higado. La hepatitis lupoide tóxica es una forma grave. Las sustancias tóxicas causantes   de   estas   ictericias   son   muy numerosas, entre ellas, el tetracloruro de carbono, el alcohol, el arsénico, el antimonio, los mejillones y las setas.
Las ictericias corrientes son hepatitis víricas; algunas se reabsorben en pocas semanas, pero otras son más peligrosas y su evolución puede ser fatal.
La litiasis biliar
Es la formación de cálculos en la vesícula biliar. Al parecer, los tienen de un 10 a un 15% de las personas de más de 20 años, pero no todas presentan molestias. La litiasis es, pues, asintomática.
El cálculo único (de colesterol) o los cálculos múltiples (bilirrubinato de calcio) tienen una causa apenas determinada, pero lo cierto es que los favorecen la infección, la bilis demasiado concentrada, la obesidad, el embarazo y las hepatitis.
Esta enfermedad puede provocar crisis agudas, y se observan cólicos hepáticos, cólicos atípicos menos graves y trastornos dispépticos. Al palpar, el hígado se muestra doloroso y contráctil. El cólico hepático es desencadenado a menudo por la ingestión de grasas, huevos o chocolate, con loe consiguientes dolores, náuseas, vómitos, y a veces fiebre y agitación.
En el cólico atípico, provocado por excesos alimenticios, los síntomas son menos graves. Es la denominada crisis de hígado. A los períodos de crisis, que se renuevan a intervalos de varias semanas, les suceden períodos de calma. Los trastornos dispépticos son a veces los únicos síntomas de la litiasis biliar: ardor de estómago, sensación de pesadez, meteorismo y náuseas, debidos casi siempre a una alimentación demasiado grasa.
Por último, esta litiasis suele ir acompañada de trastornos intestinales: cólicos, diarrea o estreñimiento, y pueden surgir complicaciones tales como la colecistitis aguda, la litiasis del colédoco y la cirrosis biliar. Para tratar la litiasis biliar, habría que eliminar los cálculos, pero la operación puede presentar peligro de complicaciones; la eliminación por vía natural es muy difícil y la desaparición de todos los cálculos es excepcional; en la mayoría de casos los tratamientos conducen a una banal litiasis asintomática. La litiasis biliar es el tipo clásico de enfermedad cuyo tratamiento consiste en un régimen alimentario. El chocolate, los huevos (al principio), los embutidos, los platos grasos y pesados, las conservas, las coles y el alcohol son los primeros que se deben suprimir. No obstante, cada hepático tiene sus intolerancias particulares que su propia experiencia determina.
En caso de crisis se recomiendan la administración de boldo, alcachofa o aceite de oliva y el calor local. Las curas termales anuales constituyen una excelente terapéutica.
Para el tratamiento de las enfermedades hepáticas, aparte de los regímenes alimenticios se recomiendan la fitoterapia y la hidroterapia.